El FC Barcelona envió el viernes una queja formal a la Real Federación Española de Fútbol detallando lo que el club describió como un patrón sistemático de decisiones arbitrales perjudiciales a lo largo de la temporada 2025-26. La carta, dirigida al presidente de la RFEF Rafael Louzán, al presidente del CTA Fran Soto, al responsable del VAR y al director de asesoría jurídica, fue mucho más allá de la controvertida derrota 4-0 en la semifinal de la Copa del Rey ante el Atlético de Madrid que la desencadenó, catalogando errores en múltiples partidos y exigiendo reformas profundas, incluyendo la publicación íntegra de todos los audios del VAR y la creación de un código disciplinario para árbitros. La queja expresaba una profunda preocupación por las decisiones repetidas que el club considera perjudiciales para el juego y carentes de criterios coherentes.
La denuncia se estructuró en torno a cinco grandes categorías de preocupación. La primera abordaba la inconsistencia en los criterios disciplinarios, citando decisiones dispares ante acciones de naturaleza idéntica, particularmente en materia de sanciones, lo que según el Barça generaba una percepción de doble rasero incompatible con los principios de equidad y seguridad jurídica. La segunda categoría señalaba las interpretaciones contradictorias de las manos en el área de penalti, incluso en partidos dirigidos por los mismos colegiados. La tercera apuntaba a lo que Barcelona calificó como una acumulación de errores significativos a lo largo de la temporada, muchos de ellos decisivos y en perjuicio del club. La cuarta categoría cuestionaba la correcta aplicación de la tecnología VAR, especialmente en decisiones milimétricas carentes de explicaciones técnicas concluyentes, al tiempo que condenaba la falta de transparencia en la gestión de los audios del VAR. La quinta denunciaba la ausencia de criterios claros para determinar cuándo los árbitros son llamados a revisar incidencias en el monitor de campo.
La derrota ante el Atlético de Madrid proporcionó los ejemplos más explosivos. Barcelona citó la falta de expulsión de Giuliano Simeone por lo que el antiguo analista arbitral Mr. Asubio categorizó como juego brusco grave con peligro para la integridad física, tras una entrada peligrosa sobre Alejandro Balde en el minuto 49, donde Simeone entró con la suela por delante y la pierna completamente extendida, impactando directamente en el tobillo de Balde. El responsable del VAR González Fuertes revisó el incidente durante apenas unos segundos y no llamó al árbitro Martínez Munuera al monitor de campo. Barcelona contrastó esto con la rápida tarjeta roja mostrada a Eric García más adelante en el partido. El club también destacó los ocho minutos de revisión del VAR del gol anulado a Pau Cubarsí, durante los cuales la tecnología de fuera de juego semiautomática falló porque el sistema no lograba modelar los esqueletos digitales de los jugadores debido a la alta densidad de futbolistas en la imagen, obligando al árbitro del VAR Pablo González a trazar manualmente las líneas de fuera de juego.
Más allá del partido contra el Atlético, Barcelona hizo referencia a varios otros incidentes controvertidos durante la temporada. En el empate inaugural a cero contra el Getafe, el árbitro Soto Grado no señaló penalti por falta de Iglesias sobre Araujo en el minuto 101, pero luego sancionó de forma controvertida una mano involuntaria de Gavi tras la revisión del VAR. En el empate 2-2 en el Betis, el árbitro Muñiz Muñiz fue criticado por carecer de la personalidad necesaria para imponer justicia al no expulsar a Chimy Ávila por juego agresivo. Barcelona también señaló que el propio CTA había admitido diez errores arbitrales durante la temporada tras revisar 51 incidencias, reforzando el argumento del club de que el problema era estructural y no aislado. El capitán Frenkie de Jong expresó la frustración de la plantilla, declarando que había visto la imagen después y que estaba claro que no había fuera de juego, añadiendo que si la tecnología no era inteligencia artificial, de lo que uno ya ni se da cuenta, entonces la foto en cuestión era un escándalo porque la evidencia era muy clara.
Barcelona formuló tres demandas concretas en la queja: la publicación íntegra de todos los audios del VAR de cada partido independientemente de si hubo revisión en el monitor de campo, lo que calificó de medida esencial para la transparencia y la formación arbitral; la creación de un código disciplinario específico para árbitros que establezca consecuencias públicas y transparentes ante errores graves o negligencia; y una revisión urgente de los criterios arbitrales para garantizar uniformidad en las decisiones, igualdad de trato entre clubes y la credibilidad de las competiciones. El club precisó que la denuncia no pretendía cuestionar la profesionalidad del colectivo arbitral sino reclamar mejoras sistémicas. Los medios españoles señalaron la ironía de que la iniciativa del Barça llegara aproximadamente un año después de que el propio Eric García hubiera descartado con sorna una queja similar presentada por el Real Madrid ante la RFEF, calificándola de carta de los Reyes Magos, una referencia que múltiples medios destacaron como un giro radical en la postura pública del club sobre las quejas arbitrales.
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