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La guerra entre Pakistán y Afganistán se intensifica con ataques aéreos sobre Kabul y víctimas en aumento

Publicado el 11 de marzo de 2026 843 vistas

Pakistán y Afganistán han entrado en una fase de guerra abierta tras semanas de confrontaciones militares en escalada que han dejado cientos de muertos en ambos bandos. El ministro de Defensa de Pakistán declaró que la situación constituye una guerra abierta con Afganistán, marcando un deterioro dramático en las relaciones entre los dos estados vecinos. El conflicto, que se intensificó notablemente después del 21 de febrero de 2026, ha visto a aviones de guerra pakistaníes realizar ataques sobre territorio afgano, incluyendo la capital Kabul, Kandahar y las provincias de Paktika, apuntando a lo que Islamabad describe como refugios del grupo militante Tehrik-e-Taliban Pakistán.

La causa raíz de la confrontación radica en la acusación persistente de Pakistán de que el gobierno talibán de Afganistán alberga a militantes del TTP responsables de una oleada de ataques mortíferos dentro del territorio pakistaní. El TTP, una entidad separada de los talibanes afganos pero ideológicamente alineada, ha llevado a cabo bombardeos, asesinatos y emboscadas contra las fuerzas de seguridad y civiles pakistaníes. Pakistán ha exigido repetidamente que el gobierno talibán en Kabul tome medidas decisivas contra los combatientes del TTP que operan desde suelo afgano, pero las autoridades afganas se han negado sistemáticamente a entregar o actuar contra el grupo.

Las cifras de víctimas siguen siendo objeto de fuertes disputas entre ambas partes. Los funcionarios militares pakistaníes afirman que 415 soldados afganos han sido abatidos en sus operaciones, mientras que el gobierno talibán de Afganistán asegura que más de 80 soldados pakistaníes han muerto en ataques transfronterizos de represalia. Se han reportado importantes víctimas civiles en ambos lados de la frontera, y las organizaciones humanitarias internacionales han expresado su alarma ante el creciente número de no combatientes afectados. La verificación independiente de estas cifras resulta extremadamente difícil dado el acceso restringido a las zonas de conflicto.

El conflicto actual representa una inversión notable de la relación histórica entre los dos países. Pakistán sirvió como principal anfitrión y patrocinador de los líderes talibanes a lo largo de la guerra liderada por Estados Unidos en Afganistán desde 2001 hasta 2021, durante dos décadas de confrontación armada. Después de que los talibanes tomaron el poder en Kabul en agosto de 2021, tras la retirada de las fuerzas estadounidenses, las relaciones entre Islamabad y el nuevo gobierno afgano se deterioraron constantemente debido a la cuestión del TTP. La situación llegó a un punto de ruptura a principios de 2026 cuando Pakistán lanzó sus primeras operaciones militares a gran escala contra el Afganistán gobernado por los talibanes.

La comunidad internacional ha concentrado su atención principalmente en el conflicto simultáneo entre Estados Unidos, Israel e Irán, dejando la guerra entre Pakistán y Afganistán comparativamente poco cubierta a pesar de sus enormes implicaciones regionales. Pakistán es un estado con armamento nuclear que posee el sexto ejército más grande del mundo, y cualquier conflicto prolongado con Afganistán conlleva el riesgo de una desestabilización más amplia en el sur de Asia. Las potencias regionales, incluidas China e India, están vigilando estrechamente la situación, ya que ambas tienen intereses estratégicos significativos en la estabilidad de la región.

Las consecuencias humanitarias del conflicto se extienden más allá del campo de batalla inmediato. Millones de refugiados afganos que viven en Pakistán enfrentan la amenaza de deportación masiva mientras el sentimiento antiafgano aumenta en medio de las hostilidades. Las rutas comerciales entre los dos países han sido severamente interrumpidas, afectando las economías de ambos lados. Las Naciones Unidas han pedido un alto el fuego inmediato y la reanudación del diálogo diplomático, advirtiendo que una escalada continuada podría desencadenar una catástrofe humanitaria a gran escala en una región ya devastada por décadas de inestabilidad.

Los analistas advierten que sin una mediación internacional urgente, el conflicto corre el riesgo de descontrolarse aún más. El cierre de los pasos fronterizos ha cortado líneas de suministro vitales, y el desplazamiento de civiles en las regiones fronterizas continúa creciendo. Ambos gobiernos han mostrado poca disposición a entablar negociaciones, con cada parte insistiendo en que la otra es la única responsable de la crisis. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si el conflicto puede contenerse o si se expandirá hacia una confrontación regional más amplia con consecuencias devastadoras para millones de personas en el sur de Asia.

Fuentes: Al Jazeera, BBC, Reuters

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