El París Saint-Germain ha asegurado su lugar en la final de la Champions League después de empatar 1-1 contra el Bayern Múnich en el Allianz Arena el martes por la noche. El vigente campeón avanza con un marcador global de 6-5 tras una de las semifinales más emocionantes en la historia de la competición, con once goles anotados en los dos partidos.
Ousmane Dembélé marcó el ritmo temprano, anotando en apenas el tercer minuto para duplicar la ventaja del PSG obtenida en la ida. La definición clínica del extremo francés envió a los aficionados visitantes al éxtasis y dejó al Bayern enfrentando una tarea prácticamente imposible. Fue un golpe devastador para el equipo local, que necesitaba remontar un déficit de un gol tras la extraordinaria derrota 5-4 en el Parque de los Príncipes.
El Bayern Múnich empujó sin descanso durante todo el partido, creándose numerosas ocasiones mientras buscaban darle la vuelta a la eliminatoria. Sin embargo, la disciplina defensiva y la inteligencia táctica del PSG, señas de identidad de la filosofía de Luis Enrique, mantuvieron a raya a los gigantes alemanes durante la gran mayoría del encuentro. El equipo francés controló la posesión en períodos clave y lució peligroso en el contraataque.
Harry Kane finalmente encontró la red en el cuarto minuto del tiempo añadido, cabeceando un centro desesperado para poner el 1-1 en la noche. Pero resultó ser únicamente un gol de consolación, ya que el pitido final sonó momentos después, confirmando la clasificación del PSG a su segunda final consecutiva de Champions League.
El equipo de Luis Enrique está ahora a solo un partido de lograr algo verdaderamente extraordinario: títulos consecutivos de Champions League. El PSG levantó el trofeo la temporada pasada de manera dramática, y su defensa del título ha sido igualmente impresionante, combinando brillantez ofensiva con solidez defensiva cuando más importa.
Se enfrentarán al Arsenal en la final el 30 de mayo en la Puskás Aréna de Budapest. Los Gunners reservaron su plaza al derrotar al Atlético de Madrid 1-0, con Bukayo Saka anotando el gol decisivo para sellar una victoria 2-1 en el marcador global. Promete ser una ocasión histórica, con ninguno de los dos clubes habiendo disputado una final bajo estas circunstancias exactas anteriormente.
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