Rusia desató uno de sus mayores ataques aéreos contra Ucrania en las últimas semanas, disparando casi 400 drones de largo alcance durante la noche del 24 al 25 de marzo de 2026. El bombardeo estuvo acompañado de 23 misiles de crucero y 7 misiles balísticos, impactando al menos 10 ubicaciones repartidas por todo el territorio ucraniano. La magnitud del ataque ha llevado a los analistas del Instituto para el Estudio de la Guerra a declarar que la tan anticipada ofensiva de primavera-verano de Moscú está oficialmente en marcha.
Los ataques se dirigieron contra zonas civiles en Kiev, Zaporiyia y la región de Járkov, matando al menos a cuatro personas e hiriendo a otras 27. Los equipos de emergencia trabajaron durante toda la noche para rescatar supervivientes de los edificios dañados, mientras las sirenas antiaéreas sonaban durante horas en todo el país. Las fuerzas de defensa aérea ucranianas interceptaron una porción significativa de los proyectiles entrantes, pero el volumen absoluto del ataque desbordó las defensas en varias zonas.
Los aliados de la OTAN respondieron rápidamente a la escalada a lo largo del flanco oriental de la alianza. Polonia colocó sus sistemas de defensa aérea en el más alto estado de preparación, activando estaciones de radar adicionales y desplegando baterías de misiles móviles más cerca de su frontera con Ucrania. Las autoridades rumanas desplegaron dos cazas F-16 después de que se detectaran drones rusos atacando objetivos cerca del río Danubio, peligrosamente cerca del espacio aéreo rumano.
El momento elegido para este asalto masivo es considerado estratégicamente significativo por los observadores militares. El ataque se produce mientras la atención mundial estaba fuertemente centrada en el conflicto creciente entre Irán y otras partes en Oriente Medio, lo que potencialmente otorga a Moscú una ventana para intensificar sus operaciones con menor escrutinio internacional. Los analistas de defensa señalan que Rusia parece haber acumulado drones y misiles durante los meses de invierno específicamente para lanzar esta campaña primaveral.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski condenó el ataque como una escalada deliberada dirigida contra la infraestructura civil y pidió a los socios occidentales que aceleren las entregas de sistemas avanzados de defensa aérea. El ejército ucraniano informó de que sus fuerzas permanecen en posiciones defensivas a lo largo de las líneas del frente, preparándose para lo que las evaluaciones de inteligencia sugieren será una ofensiva terrestre sostenida en las próximas semanas.
Las reacciones internacionales llegaron a lo largo del día, con líderes de toda Europa y América del Norte condenando el asalto. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas programó una sesión de emergencia para abordar la escalada, mientras las organizaciones humanitarias advertían de que los continuos ataques contra zonas civiles podrían desencadenar una nueva oleada de desplazamientos entre los civiles ucranianos que ya soportan años de conflicto.
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