La inflación estadounidense se aceleró al 3,7 % en septiembre, frente al 3,4 % de agosto, informó la Oficina de Estadísticas Laborales el 14 de octubre. Los precios al consumidor subieron un 0,6 % mensual, tras el 0,4 % de agosto, mientras el fuerte encarecimiento de la gasolina presionó los presupuestos familiares.
El informe oficial señaló a la gasolina como principal impulsor: su índice aumentó un 9,1 % y explicó más de la mitad del incremento mensual general. La energía subió un 5,2 %, frente al 2,1 % de agosto. Estas variaciones mensuales están ajustadas por estacionalidad, mientras la tasa anual general no lo está.
Las presiones también alcanzaron otros sectores. El índice sin alimentos ni energía aumentó un 0,3 % mensual y un 2,6 % interanual, según la oficina. Reuters informó de que los economistas esperaban avances respectivos del 0,2 % y el 2,5 %, por lo que ambas medidas subyacentes superaron las previsiones.
La vivienda contribuyó al incremento. Su índice subió un 0,4 % en septiembre, tras el 0,3 % de agosto, y quedó un 3,2 % por encima del nivel de un año antes. Sin embargo, los alimentos no variaron en conjunto: las compras para el hogar bajaron un 0,1 % y la comida fuera de casa subió un 0,2 %, según los datos oficiales.
Para las familias, el informe mostró gastos desiguales: combustible y vivienda aumentaron mientras otros costes se moderaron. Los medicamentos con receta bajaron un 1,2 % en septiembre y los servicios médicos no variaron, indicó la oficina. El incremento agregado no significó, por tanto, que todas las categorías se encarecieran.
Reuters señaló que las cifras más fuertes renovaron la atención sobre una posible subida de tipos de la Reserva Federal más adelante en octubre. Los datos aportan información al debate, pero no determinan la próxima decisión monetaria. Para empresas y consumidores, la novedad inmediata es un crecimiento más rápido de los precios, con la energía explicando buena parte de la aceleración mensual.
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