El Deportivo Alavés protagonizó una de las sorpresas más destacadas de la temporada liguera el martes, derrotando al campeón FC Barcelona por 1-0 en el Estadio de Mendizorroza y poniendo fin a la impresionante racha de 11 victorias consecutivas del conjunto catalán. Ibrahim Diabaté marcó el único gol del encuentro en el tiempo de descuento de la primera parte, aprovechando una jugada ensayada de córner que desató la euforia entre los aficionados locales.
El momento decisivo llegó justo antes del descanso, cuando Antonio Blanco cabeceó un saque de esquina hacia el segundo palo. Diabaté, demostrando reflejos extraordinarios y una técnica depurada, enganchó el balón para enviarlo fuera del alcance del portero barcelonista Wojciech Szczesny. Fue un gesto de enorme calidad por parte del delantero del Alavés, que resumió a la perfección la actuación decidida y organizada de su equipo.
Para el Alavés, el significado de esta victoria va mucho más allá del valor simbólico de vencer a los recién coronados campeones de La Liga. El equipo amenazado por el descenso logró mantener su portería a cero por primera vez en 21 partidos ligueros, un registro defensivo que había sido motivo de preocupación constante para su afición durante toda la temporada. El entrenador Luis García Plaza puede sentirse orgulloso de la determinación y la disciplina que mostraron sus jugadores ante una de las fuerzas ofensivas más temibles del continente europeo.
Los tres puntos permitieron al Alavés salir de la zona de descenso en lo que se perfila como una de las batallas por la permanencia más reñidas de la historia reciente de la competición. Cada punto es vital en esta fase de la campaña, y superar al Barcelona — independientemente de las circunstancias — supone un impulso de confianza monumental para una plantilla que lucha por su supervivencia en la élite del fútbol español. Los jugadores celebraron con la grada mucho después del pitido final, plenamente conscientes de la magnitud de su hazaña.
El FC Barcelona ya había asegurado el título de La Liga el 10 de mayo con una contundente victoria por 2-0 sobre el eterno rival Real Madrid, lo que significaba que este partido carecía de importancia competitiva real para el equipo de Hansi Flick. El técnico alemán optó por realizar una amplia rotación en su alineación, dando descanso a varios jugadores importantes de cara a los compromisos restantes. Pese al carácter intrascendente del encuentro, la derrota supone una mancha inusual en lo que ha sido una campaña dominante.
El Barcelona aún tiene dos jornadas por disputar en La Liga — contra el Real Betis y el Valencia — antes de cerrar definitivamente una temporada de título memorable. Para el espectador neutral, el partido sirvió como recordatorio de que la competición sigue deparando sorpresas hasta el último día, y de que incluso los clubes más humildes pueden crecer cuando la supervivencia está en juego.
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