Científicos han detectado cloruro de hidrógeno cerca del volcán marciano Alba Mons, reforzando la hipótesis de una posible actividad volcánica subterránea. El estudio, publicado en línea el 4 de noviembre en Science Advances, combina mediciones atmosféricas con imágenes de fracturas superficiales. El equipo internacional interpreta el gas como un posible indicio de magma enterrado, sin haber observado una erupción.
Según la Agencia Espacial Europea, el orbitador ExoMars Trace Gas Orbiter informó de este gas por primera vez en 2021. La mayoría de sus variaciones estacionales parecen vinculadas a los ciclos del polvo y el agua: las concentraciones aumentan en el invierno boreal y casi desaparecen en verano. Sin embargo, cerca de Alba Mons apareció una señal inusual a comienzos del verano. Este extenso volcán del hemisferio norte es el mayor de Marte por superficie, según Reuters.
El instrumento Atmospheric Chemistry Suite detectó el gas localizado, mientras la cámara CaSSIS reveló fisuras recientes y estrechas y cambios de color del terreno. Daniel Mège, de la Academia Polaca de Ciencias, indicó a la ESA concentraciones de unas dos moléculas de cloruro de hidrógeno por cada mil millones de moléculas de aire. El equipo propone que el hielo invernal bloquea conductos y que su desaparición permite escapar al gas atrapado.
El equipo evaluó otras explicaciones químicas atmosféricas antes de favorecer una filtración de origen magmático, explicó Mège. Las observaciones no muestran directamente roca fundida ni establecen qué grietas serían la fuente. National Geographic señaló que el gas también podría surgir de reacciones entre agua caliente y cloruros. No se ha observado ninguna nueva colada de lava ni erupción, subrayó la ESA.
Si persiste magma bajo la región, su calor podría crear entornos protegidos donde interactúan agua subterránea y roca. Estos sistemas hidrotermales interesan a la búsqueda de vida microbiana, pero el estudio no detectó organismos. Mège advirtió que incluso un sistema hidrotermal puede carecer de vida. Nuevas investigaciones deberán determinar el origen del gas y si realmente existen condiciones potencialmente habitables.
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