Hamás confirmó el viernes que aceptó una hoja de ruta para desarmar a los grupos armados de Gaza, después de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara el acuerdo un día antes. El plan vincula la retirada de las armas con una salida militar israelí por fases y el traspaso de autoridad a una administración tecnocrática palestina. Sin embargo, Israel todavía no había aceptado públicamente el pacto el viernes, lo que mantiene un obstáculo decisivo para su aplicación.
El acuerdo busca impulsar la segunda fase del alto el fuego negociado por Estados Unidos en octubre de 2025, tras dos años de guerra. Esa etapa quedó paralizada por exigencias recíprocas: Israel sostuvo que cualquier avance dependía de que Hamás entregara las armas, mientras el grupo acusó a Israel de vulnerar la tregua con ataques continuos e insistió en que la retirada debía acompañar al desarme.
Según el texto publicado, el Comité Nacional para la Administración de Gaza conservaría las instituciones civiles y se convertiría en la única autoridad autorizada para poseer o controlar armas. El armamento pesado, los centros de producción, los depósitos y los túneles quedarían desmantelados mediante un proceso gradual y verificado. Las armas personales estarían sujetas a licencias palestinas y las demás milicias, incluidas las rivales de Hamás, también tendrían que entregar su arsenal.
Una Fuerza Internacional de Estabilización separaría a las tropas israelíes de las zonas administradas por el comité, vigilaría el alto el fuego, formaría a la policía palestina y ayudaría a proteger la ayuda humanitaria. Las fuerzas israelíes se retirarían por etapas conforme a un calendario ligado a la desmilitarización verificada. La hoja de ruta prohíbe además expulsar a habitantes de Gaza y asigna la reconstrucción al comité tecnocrático y al Consejo de Paz de Trump.
Persisten diferencias importantes sobre el orden de los pasos. El dirigente de Hamás Ghazi Hamad afirmó que el grupo no iniciaría el desarme antes de una retirada israelí, mientras funcionarios estadounidenses describieron fases recíprocas y simultáneas. Hamás también relacionó la posterior entrega de armas pesadas con un camino hacia un Estado palestino, algo que rechaza el actual Gobierno israelí. Observadores independientes deberán certificar cada etapa y el calendario de la retirada israelí aún debe completarse.
El anuncio representa por ello una posible apertura diplomática y no un acuerdo ya consumado. El secretario general de la ONU, António Guterres, acogió favorablemente el avance y pidió a ambas partes aplicar la hoja de ruta sin sabotearla. El fin de la violencia repetida, la entrada sostenida de ayuda y el inicio de la reconstrucción dependerán de la aprobación formal israelí, de un pacto sobre la secuencia y del cumplimiento verificable de todos los actores armados.
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