Las protestas por los prolongados cortes de electricidad en el oeste de Libia se agravaron cuando manifestantes entraron en el estratégico complejo de petróleo y gas de Mellitah. La interrupción del combustible para centrales despertó temores de un apagón más amplio. Las autoridades aseguraron después el recinto y el flujo de gas se reanudó, aunque el calor extremo mantiene bajo presión la envejecida red nacional.
Associated Press informó de varios días de manifestaciones en Trípoli, Zawiya, Misrata y otras ciudades occidentales, donde los apagones duran horas. Algunos participantes exigieron mejores servicios eléctricos y la dimisión del primer ministro Abdul Hamid Dbeibah. Al Jazeera registró temperaturas superiores a 48 grados Celsius y alrededor de diez horas diarias sin suministro en determinadas zonas.
La Corporación Nacional de Petróleo de Libia señaló que el cierre de conductos en Mellitah causó una grave escasez de gas y combustible para generar electricidad. Varias unidades quedaron fuera de servicio, se detuvo la producción del yacimiento El Feel y se suspendió parcialmente la de Wafa. Mellitah, situado unos 90 kilómetros al oeste de Trípoli, también envía gas a Italia mediante un gasoducto submarino.
El Gobierno de Unidad Nacional de Dbeibah afirmó que el Ministerio de Defensa aseguró el complejo, protegió a los trabajadores y permitió reanudar los suministros. La petrolera estatal autorizó después la recuperación de la producción y el bombeo normal. ANSA indicó que también volvieron las actividades en El Feel, Wafa y la plataforma marítima de Sabratha, reduciendo la amenaza inmediata de un colapso nacional.
La crisis de fondo sigue sin resolverse. Especialistas consultados por Al Jazeera atribuyeron el déficit a proyectos inconclusos, plantas antiguas, redes de transmisión débiles y mantenimiento atrasado. Un exfuncionario explicó que dos centrales de vapor, diseñadas para alcanzar 1.400 megavatios cada una, continúan incompletas, mientras la demanda puede aumentar hasta 600 megavatios al año.
El malestar presiona a un país dividido entre la administración de Dbeibah, reconocida internacionalmente y asentada en Trípoli, y un gobierno rival oriental. Libia arrastra fragmentación institucional desde el conflicto de 2014, pese al alto el fuego de 2020. Estabilizar la electricidad exigirá proteger instalaciones, terminar infraestructura retrasada y atender las demandas ciudadanas sin permitir nuevas interrupciones.
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