Científicos han identificado una proteína que parece frenar la inflamación crónica vinculada al envejecimiento. Ratones de edad avanzada que recibieron niveles aumentados de esta proteína se volvieron más fuertes, más enérgicos y desarrollaron huesos más sanos que los animales no tratados. La investigación, publicada en la revista Aging and Disease, señala un nuevo objetivo prometedor para terapias que podrían ayudar a las personas a mantenerse más saludables durante más tiempo.
La proteína en el centro del descubrimiento es la tristetraprolina, conocida como TTP, que se une al ARN y desempeña un papel fundamental en la regulación de las respuestas inflamatorias del organismo. En individuos sanos, la TTP ayuda a limitar las señales inflamatorias que pueden dañar los tejidos con el tiempo. Sin embargo, los niveles de esta proteína tienden a disminuir significativamente con la edad, particularmente en las células inmunitarias, dejando al organismo cada vez más vulnerable a la inflamación crónica de bajo grado que impulsa muchas enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
Para comprobar si el mantenimiento de los niveles de TTP podría contrarrestar estos efectos, los investigadores modificaron genéticamente un grupo de ratones mayores para que la proteína permaneciera estable en lugar de disminuir como ocurre normalmente. Los resultados mostraron que los ratones con TTP estabilizada experimentaron niveles notablemente más bajos de fragilidad física en comparación con animales no tratados de la misma edad. Los ratones tratados demostraron mayor fuerza muscular, niveles de actividad más altos y una densidad ósea significativamente mejorada.
Estos hallazgos se basan en investigaciones anteriores del Imperial College de Londres que descubrieron que la desactivación de una proteína inflamatoria relacionada podía prolongar la vida saludable en ratones. Juntos, estos estudios construyen una imagen más clara de cómo la inflamación crónica acelera el envejecimiento a nivel celular y cómo las intervenciones dirigidas podrían ralentizar o revertir parcialmente ese proceso.
Aunque las aplicaciones clínicas en humanos están aún a años de distancia, el equipo de investigación afirmó que los resultados proporcionan una base sólida para desarrollar fármacos que podrían imitar el efecto de los niveles aumentados de TTP en humanos. Las compañías farmacéuticas ya han expresado interés en esta vía terapéutica. Los investigadores planean comenzar ensayos preclínicos de compuestos estabilizadores de TTP dentro de los próximos dos años.
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