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Científicos de la Universidad de Houston logran superconductividad a temperatura récord bajo presión normal

Publicado el 28 de mayo de 2026 629 vistas

Un equipo de físicos de la Universidad de Houston ha logrado un avance histórico en la investigación de superconductividad, demostrando resistencia eléctrica nula en un material novedoso a la temperatura más alta jamás registrada bajo condiciones de presión atmosférica normal. El hallazgo, publicado en la revista Nature, representa un paso significativo hacia el objetivo largamente perseguido de la superconductividad a temperatura ambiente, que podría revolucionar la transmisión de energía, la informática y el transporte.

Los investigadores desarrollaron un nuevo compuesto basado en una estructura de red de óxido de cobre modificada e infundida con elementos de tierras raras. Bajo presión atmosférica estándar de aproximadamente una atmósfera, el material exhibió propiedades superconductoras a una temperatura que supera todos los récords anteriores para superconductores a presión ambiental. La universidad confirmó que la cifra excede considerablemente el punto de referencia previo establecido por los superconductores basados en cupratos a principios de la década de 2000.

La superconductividad, el fenómeno por el cual un material conduce electricidad con resistencia absolutamente nula, ha fascinado a los científicos desde su descubrimiento en 1911. Los superconductores tradicionales requieren enfriamiento a temperaturas extremadamente bajas utilizando helio o nitrógeno líquido, lo que hace que las aplicaciones prácticas generalizadas sean prohibitivamente costosas. El avance del equipo de Houston elimina la necesidad de condiciones de presión extrema que plagaron las anteriores afirmaciones de superconductividad a alta temperatura, especialmente los controvertidos resultados de la Universidad de Rochester en 2023, que posteriormente fueron retractados.

El Dr. Liangzi Deng, investigador principal del proyecto, explicó que la innovación clave reside en una técnica patentada de crecimiento cristalino que crea un mecanismo de emparejamiento electrónico inusualmente estable dentro del material. Este enfoque permite que los pares de Cooper, los electrones emparejados responsables de la superconductividad, se formen y persistan a temperaturas significativamente más altas de lo que se creía posible anteriormente. El equipo dedicó casi cuatro años a perfeccionar el proceso de síntesis antes de lograr resultados reproducibles.

Las implicaciones de este descubrimiento se extienden mucho más allá del laboratorio. Si el material puede fabricarse a escala industrial, podría transformar la infraestructura energética mundial al permitir la transmisión de electricidad sin pérdidas a través de grandes distancias. Actualmente, entre el cinco y el diez por ciento de toda la electricidad generada en el mundo se pierde en forma de calor durante la transmisión a través de cables convencionales de cobre y aluminio. Los cables superconductores podrían eliminar completamente estas pérdidas, ahorrando potencialmente miles de millones de dólares al año.

Más allá de la transmisión de energía, el avance es prometedor para la computación cuántica, los sistemas de transporte por levitación magnética y los equipos avanzados de imágenes médicas. Los imanes superconductores ya son componentes esenciales en máquinas de resonancia magnética y aceleradores de partículas, pero las versiones actuales requieren enfriamiento constante con costosos sistemas criogénicos. Un superconductor de mayor temperatura que opere a presión normal podría reducir drásticamente el costo y la complejidad de estas tecnologías.

La verificación independiente de los resultados ya está en marcha en varias instituciones de investigación importantes, incluido el Instituto Max Planck en Alemania y la Academia China de Ciencias. La comunidad científica ha respondido con un optimismo cauteloso, señalando que la metodología del equipo de Houston parece rigurosa y que sus resultados han sido reproducidos internamente en múltiples ocasiones.

Fuentes: ScienceDaily, Nature, University of Houston

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