Casi ocho de cada diez participantes en un estudio estadounidense de adultos jóvenes presentaban al menos una etapa temprana del síndrome cardiovascular-renal-metabólico, y quienes estaban en fases más avanzadas mostraron indicios de lesión arterial, informaron los investigadores el jueves. Los resultados, publicados tras revisión por pares en Circulation: Population Health and Outcomes, sugieren que la evaluación del riesgo y la prevención podrían tener que comenzar mucho antes de los 30 años.
Los científicos analizaron datos de salud de 1.283 participantes del estudio Future of Families–Cardiovascular Health Among Young Adults. La cohorte diversa tenía una edad media de 23 años. Asignaron a cada persona una etapa del síndrome, evaluaron la salud cardiovascular mediante la puntuación Life's Essential 8 de la Asociación Estadounidense del Corazón y usaron ecografías de las arterias carótidas del cuello para buscar daños tempranos.
Alrededor del 21% de los participantes no tenía factores de riesgo identificables y quedó clasificado en la etapa 0. Casi el 80% cumplía los criterios de las etapas 1, 2 o 3, que indican exceso de grasa corporal, factores de riesgo metabólico o evidencia de enfermedad cardiovascular aún sin síntomas. Ningún participante estaba en la etapa 4, que abarca afecciones cardiovasculares ya establecidas.
Las personas en etapas más altas también obtuvieron peores puntuaciones en Life's Essential 8 y presentaron paredes más gruesas en las arterias carótidas, un marcador temprano de aterosclerosis. El síndrome describe la relación entre obesidad, diabetes, enfermedad renal crónica y enfermedad cardiovascular. Las ocho medidas incluyen dieta, actividad física, exposición a la nicotina, sueño, peso, colesterol, glucosa y presión arterial.
Los investigadores señalaron que ambos sistemas de evaluación pueden complementarse para identificar a menores de 30 años que podrían avanzar hacia la acumulación de placa y futuros episodios cardiovasculares. Las conclusiones coinciden con una guía clínica conjunta de 2026, que recomienda clasificar el síndrome en jóvenes y adultos, además de revisar habitualmente los riesgos metabólicos y la función renal.
Los autores advirtieron que el estudio no puede demostrar que una etapa más alta causara los cambios arteriales, porque midió a los participantes en un solo momento. Algunos datos de conducta fueron autodeclarados y la inclusión deliberada de muchas personas de entornos desfavorecidos implica que los resultados quizá no representen a todos los adultos jóvenes. Se necesitan estudios prolongados para saber si las etapas tempranas predicen enfermedad cardíaca posterior.
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