Volver al inicio El polvo de Chicxulub pudo convertir la Tierra en un horno Ciencia

El polvo de Chicxulub pudo convertir la Tierra en un horno

Publicado el 29 de julio de 2026 704 vistas

El polvo fino lanzado por el impacto del asteroide de Chicxulub pudo atrapar cerca de la superficie terrestre un intenso pulso de calor, provocar incendios generalizados y matar a los animales expuestos durante las primeras horas de la catástrofe, hace 66 millones de años. Un estudio de modelización revisado por pares, publicado el 28 de julio en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, propone un mecanismo que ayudaría a explicar por qué el impacto cerca de la actual península de Yucatán eliminó alrededor de tres cuartas partes de las especies, incluidos todos los dinosaurios no avianos.

El asteroide, de unos diez kilómetros de diámetro, vaporizó más de 1.000 kilómetros cúbicos de material terrestre, según trabajos anteriores citados por el equipo dirigido por la Universidad Purdue. Al enfriarse la columna expansiva, parte del vapor de roca se condensó en gotas fundidas llamadas esférulas, de unos 250 micrómetros. Estas partículas rodearon el planeta y calentaron el aire al caer, produciendo radiación térmica, aunque cálculos previos indicaban que las esférulas por sí solas quizá no generaron energía suficiente para encender bosques en todo el mundo.

El autor principal Brandon Johnson y sus colegas añadieron a las simulaciones una capa de polvo mucho más fino, guiados por observaciones geológicas de depósitos del límite de la extinción. Las partículas medían unos 2,5 micrómetros, una décima parte del diámetro de las esférulas y un tamaño parecido al de partículas de humo que penetran en los pulmones humanos. Sus cálculos señalan que esa capa global opaca habría impedido que la mayor parte del calor escapara al espacio y lo habría redirigido hacia el suelo.

Al incluir el polvo, el calor superficial del modelo resultó 3,5 veces más intenso que el pulso de las esférulas solas. Purdue indicó que la dosis térmica alcanzó unas 17 veces un nivel considerado totalmente letal para las personas y bastó para encender hierba, agujas de pino y líquenes, y posiblemente madera. El estudio sugiere así que los animales capaces de refugiarse bajo tierra, bajo el agua o tras otras barreras tuvieron una gran ventaja inmediata, antes de que el mismo polvo bloqueara la luz solar y contribuyera a un frío invierno de impacto.

Los autores sostienen que el resultado refuerza la idea de que el propio impacto devastó rápidamente los ecosistemas terrestres, en lugar de que la extinción ocurriera solo por un colapso más lento de las cadenas alimentarias. Sin embargo, no consideran resuelto el debate. El paleontólogo Alfio Alessandro Chiarenza, ajeno al trabajo, señaló que las pruebas geológicas más sólidas de incendios proceden por ahora de América del Norte, de modo que todavía no se ha demostrado que el fuego cubriera todo el planeta.

El trabajo de campo futuro deberá contrastar el modelo con un registro rocoso global más completo y determinar si las señales de incendios disminuyen al alejarse de México. Esos datos podrían aclarar qué animales superaron las primeras horas, qué rasgos biológicos los protegieron y cómo el calentamiento inmediato interactuó con años o décadas de oscuridad, enfriamiento y aire contaminado. El nuevo estudio presenta el polvo fino como posible agente de dos extremos: primero una tapa aislante que retuvo calor letal y después un velo que bloqueó el Sol y prolongó la alteración ecológica.

Fuentes: American Geophysical Union, Purdue University, Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, Science News

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