Una oleada de ventas masivas arrasó los mercados tecnológicos globales el lunes 23 de junio, mientras los inversores huían de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial ante el temor creciente de que el vertiginoso ascenso del sector haya superado con creces la realidad económica. El Nasdaq Composite perdió 580 puntos, cayendo un 2,2 por ciento hasta cerrar en 25.587 puntos, lo que marcó la segunda jornada consecutiva de fuertes pérdidas tras un descenso del 1,3 por ciento el día anterior. La debacle, que comenzó en Asia y se extendió rápidamente a Wall Street, ha reavivado un acalorado debate sobre si la inteligencia artificial representa una fuerza económica transformadora o una burbuja especulativa a punto de estallar.
El epicentro de la caída se ubicó en el índice KOSPI de Corea del Sur, que se desplomó un 9,99 por ciento en su mayor descenso diario en más de tres meses. Samsung Electronics y SK Hynix, dos de los mayores fabricantes de semiconductores del mundo, cayeron un 12 por ciento cada uno mientras los inversores extranjeros vendían agresivamente sus posiciones en acciones tecnológicas. La estampida se produjo después de que los reguladores surcoreanos emitieran señales sugiriendo que el repunte del sector de chips se había sobrecalentado, lo que llevó a los fondos institucionales internacionales a liquidar sus participaciones a un ritmo que no se había visto en años.
La venta masiva liderada por el mercado coreano se trasladó rápidamente a los gigantes estadounidenses de semiconductores, arrastrando a las principales empresas del sector. Nvidia, el símbolo más reconocido del auge inversor en inteligencia artificial, retrocedió un 4,2 por ciento y cotizó cerca del nivel psicológicamente importante de 200 dólares. AMD e Intel perdieron más del 5 por ciento cada uno, mientras que Micron Technology sufrió el golpe más severo entre los principales fabricantes estadounidenses de chips con una caída del 12 por ciento. Otras compañías tecnológicas destacadas, incluyendo Alphabet y SpaceX, también vieron sus valoraciones castigadas por el sentimiento generalizado de aversión al riesgo.
En el centro de la turbulencia bursátil subyace una pregunta fundamental que ha dividido a los analistas de Wall Street durante meses: ¿pueden las empresas de inteligencia artificial generar ingresos y beneficios suficientes para justificar sus astronómicas valoraciones? Si bien tanto OpenAI como Anthropic están generando ingresos significativos, la rentabilidad a largo plazo de estas compañías sigue siendo incierta. El mercado parece oscilar entre dos narrativas contrapuestas: una que proyecta que la IA incrementará drásticamente la productividad en todas las industrias, y otra que advierte que la tecnología constituye una enorme burbuja especulativa destinada a desinflarse.
Una nota muy seguida de los analistas de Bank of America, que alertaba sobre posibles subidas de los tipos de interés, añadió más leña al fuego. La Reserva Federal ha abierto la puerta a un posible aumento de las tasas en 2026, en un esfuerzo por combatir la inflación persistente impulsada en parte por el alza de los precios del petróleo vinculada al conflicto bélico que involucra a Irán. Unos costes de financiación más elevados serían especialmente perjudiciales para las empresas tecnológicas, cuyas valoraciones dependen en gran medida de las expectativas de beneficios futuros que se vuelven menos atractivas cuando las tasas suben.
Los estrategas del mercado advierten ahora que la corrección podría prolongarse si los próximos informes de resultados de las grandes empresas de inteligencia artificial no demuestran una senda clara hacia la rentabilidad sostenida. El sector de los semiconductores, principal beneficiario del gasto masivo en IA gracias a la construcción de enormes centros de datos, resulta especialmente vulnerable a una corrección si las empresas clientes comienzan a reducir sus inversiones en infraestructura dedicada a la inteligencia artificial. Varios analistas han trazado paralelismos con la época de las puntocom, señalando que, aunque la tecnología subyacente podría resultar revolucionaria con el tiempo, los precios actuales de las acciones parecen haber descontado años de crecimiento que aún no se ha materializado.
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