Soldados y equipos de emergencia buscaban el miércoles entre un centro comercial dañado y viviendas derrumbadas en el suroeste de Japón después de que un terremoto de magnitud 7,1 causara al menos 13 muertes y dejara a otras personas desaparecidas. El sismo golpeó el martes por la tarde la zona de Kumamoto, en la isla de Kyushu, y provocó sacudidas intensas, amplias interrupciones y una alerta de tsunami que posteriormente fue retirada. La primera ministra Sanae Takaichi afirmó que los rescatistas trabajaban contrarreloj para llegar a quienes aún aguardaban ayuda.
La Agencia Meteorológica de Japón registró el nivel máximo de siete en la escala nacional de intensidad sísmica en la zona más afectada. Al temblor inicial le siguieron réplicas fuertes, incluida una de magnitud 6,1. Las autoridades seguían evaluando los daños en Kumamoto y otras partes cercanas de Kyushu, mientras la Agencia de Gestión de Incendios y Desastres recopilaba los informes de víctimas entregados por los gobiernos locales.
Los rescatistas centraron sus esfuerzos en un centro comercial Aeon donde se derrumbó parte del edificio y después ocurrió una explosión que se cree relacionada con una fuga de gas. También cayó una gran chimenea en una fábrica de papel, mientras casas y otras estructuras sufrieron daños. La agencia Kyodo informó de desperfectos en los muros de piedra del castillo de Kumamoto, que ya estaba en reparación por los mortales terremotos que afectaron la región en 2016.
Unos 36.900 hogares seguían sin electricidad y aproximadamente 9.500 carecían de gas, indicó el portavoz gubernamental Minoru Kihara. Las comunicaciones no funcionaban en algunas zonas, los servicios ferroviarios de alta velocidad y ciertas operaciones aeroportuarias permanecían suspendidos, y más de 9.000 personas se habían trasladado a más de 500 refugios. Las autoridades añadían fuentes de energía para que los centros de evacuación pudieran utilizar aire acondicionado durante el calor del verano.
El terremoto volvió a poner de relieve la exposición sísmica de Kyushu, donde la secuencia de Kumamoto de 2016 mató al menos a 50 personas y provocó graves daños. El balance del miércoles todavía era provisional mientras los equipos registraban estructuras inestables y los funcionarios examinaban transportes, redes de servicios y edificios públicos. La prioridad era localizar supervivientes, restablecer los servicios esenciales y proteger a los evacuados mientras las réplicas continuaban representando un peligro.
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