Científicos desarrollaron un método por satélite que mide las mareas a lo largo de la costa en intervalos de unos 100 metros y revela que el nivel del agua puede variar mucho entre playas cercanas. El equipo de la Universidad de Oxford y la Universidad Técnica de Múnich informó el 25 de agosto que la altura de la marea difería casi un metro en los aproximadamente 90 kilómetros de la bahía de South Taranaki, en Nueva Zelanda, un detalle local que los sistemas actuales apenas detectan.
El estudio revisado por pares, publicado en Communications Earth & Environment, aborda una carencia persistente de datos costeros. Los mareógrafos ofrecen registros precisos, pero solo en puntos aislados, mientras la altimetría convencional por radar suele abarcar decenas de kilómetros y presenta dificultades cerca de tierra. Sin embargo, la franja costera es donde las mareas afectan más directamente a inundaciones, navegación, pesca, actividades recreativas, vertidos contaminantes y seguridad pública.
En vez de medir directamente la altura del mar, los investigadores utilizaron cada playa inclinada como una gran regla. Localizaron la línea de agua en imágenes del programa Landsat de la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, combinaron su desplazamiento con la pendiente conocida de la playa y convirtieron los cambios de posición de la costa en estimaciones del nivel marino. Más de 40 años de observaciones del Pacífico permitieron identificar ritmos repetitivos y reconstruir o predecir mareas locales.
Las pruebas en costas orientadas al Pacífico encontraron diferencias importantes en distancias cortas. Además de la variación cercana a un metro en South Taranaki, las mareas en Pegasus Bay, al este de Christchurch, eran unos 40 centímetros más altas que en las playas al sur de la ciudad, cerca del río Rakaia. Los resultados muestran por qué un mareógrafo o modelo lejano puede no describir con precisión las condiciones de una playa concreta durante la misma tormenta.
Los autores señalaron que mediciones más finas podrían reforzar los modelos de inundación compuesta, cuando la marea coincide con una marejada, lluvia o caudal fluvial. También mejorarían el análisis de la variabilidad del nivel del mar y la intrusión salina. Thomas Monahan, coautor de Oxford, explicó que las diferencias locales pueden determinar si una zona se inunda mientras otra vecina permanece segura, por lo que los pronósticos específicos para cada playa serían una herramienta práctica de resiliencia.
El equipo indicó que el método podría cubrir vacíos en regiones con pocos mareógrafos y, con el tiempo, seguir cambios en el horario y la magnitud de las mareas a medida que sube el nivel del mar. Imágenes adicionales de sistemas como la constelación europea Sentinel-2 podrían ampliar la cobertura y afinar las estimaciones, incluidas costas africanas poco observadas. El próximo paso será perfeccionar la técnica para describir una playa individual y no solo un punto relativamente cercano.
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