El ejército estadounidense lanzó un asalto aéreo a gran escala contra objetivos del Estado Islámico en toda Siria el sábado, desplegando más de 20 aviones y disparando más de 90 municiones de precisión contra más de 35 sitios de infraestructura terrorista. La operación, con nombre en código Hawkeye Strike, representa una de las acciones militares estadounidenses más significativas contra el ISIS en los últimos años y surge como respuesta directa a una emboscada mortal que mató a personal estadounidense el mes pasado.
El secretario de Defensa Pete Hegseth anunció los ataques, enfatizando que Estados Unidos perseguiría a los combatientes del ISIS sin descanso tras el ataque del 13 de diciembre cerca de Palmira que cobró la vida de dos soldados estadounidenses y un intérprete civil. Tres miembros adicionales del personal estadounidense resultaron heridos en esa emboscada, lo que llevó al presidente Trump a ordenar la operación de represalia el 19 de diciembre. Hegseth caracterizó la campaña no como una guerra convencional sino como una declaración de venganza contra quienes dañan a las fuerzas estadounidenses.
El Comando Central de EE.UU. emitió una severa advertencia junto con el anuncio de los ataques, declarando que cualquiera que dañe a los combatientes estadounidenses será encontrado y eliminado en cualquier parte del mundo. Los funcionarios del CENTCOM explicaron que los objetivos incluían infraestructura del ISIS esencial para las operaciones de la organización terrorista, con el objetivo de erradicar el terrorismo islámico, prevenir futuros ataques y proteger tanto a las fuerzas estadounidenses como a las aliadas que operan en la región.
La escala de la Operación Hawkeye Strike subraya el compromiso de la administración Biden de mantener la presión sobre el ISIS a pesar de las pérdidas territoriales del grupo en los últimos años. Los analistas militares señalaron que el uso coordinado de más de 20 aviones lanzando más de 90 municiones guiadas de precisión indica una operación sofisticada diseñada para infligir el máximo daño a las capacidades del ISIS mientras se minimizan los daños colaterales a las poblaciones civiles.
Esta última ofensiva sigue a los ataques preliminares realizados en diciembre inmediatamente después de la emboscada de Palmira, lo que sugiere una campaña en escalada contra la organización terrorista. NBC News informó que se espera que las operaciones militares continúen durante varias semanas, potencialmente extendiéndose a un mes, mientras las fuerzas estadounidenses atacan sistemáticamente las posiciones e infraestructura del ISIS en todo el territorio sirio.
La emboscada de diciembre que desencadenó esta respuesta ocurrió en una región donde el ISIS ha mantenido una presencia persistente a pesar de años de presión militar de múltiples naciones. El ataque destacó la amenaza continua que representa el grupo terrorista y su capacidad continuada para realizar operaciones mortales contra las fuerzas estadounidenses. La pérdida de dos soldados y un intérprete civil marcó el incidente más mortal que involucra a personal estadounidense en Siria en la memoria reciente.
La operación refleja una estrategia estadounidense más amplia de respuesta rápida y abrumadora a los ataques contra su personal, enviando un mensaje claro a las organizaciones terroristas de todo el mundo. Los funcionarios militares indicaron que podrían realizarse ataques adicionales a medida que la inteligencia identifique nuevos objetivos, con el objetivo final de degradar las capacidades del ISIS hasta el punto en que la organización ya no pueda amenazar los intereses estadounidenses ni realizar ataques contra las fuerzas estadounidenses en la región.
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