El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ofreció su primera respuesta pública al histórico acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán el lunes, adoptando un tono desafiante que inmediatamente planteó interrogantes sobre si el pacto podrá sostenerse. Dirigiéndose a la nación, Netanyahu declaró que la lucha de Israel no ha terminado y prometió de manera inequívoca que las tropas israelíes permanecerán desplegadas en las zonas de seguridad del Líbano, Gaza y Siria, independientemente de los términos negociados entre Washington y Teherán.
Las declaraciones llegaron apenas un día después de que el presidente Trump anunciara el histórico acuerdo con Irán, cuya firma oficial está programada para una ceremonia en Ginebra el 19 de junio. La respuesta de Netanyahu representa el desafío más significativo hasta ahora a la viabilidad del acuerdo, ya que Israel — un actor regional clave — señala su negativa a alinearse con el marco diplomático que Washington ha construido.
Sumándose a la tensión, funcionarios israelíes en Jerusalén han solicitado acceso al memorando de entendimiento completo, pero Washington se ha negado a compartir el documento. Funcionarios estadounidenses habrían citado preocupaciones sobre posibles filtraciones como razón para no revelar los términos oficiales del acuerdo. El hecho de que Israel aún no haya sido informado sobre los detalles de un pacto que afecta directamente su postura de seguridad ha alimentado la indignación en círculos políticos y militares.
Hezbolá ha complicado aún más la situación al afirmar que Irán no finalizará el acuerdo nuclear sin una retirada israelí completa del Líbano. Tal exigencia coloca a Washington en una posición extraordinariamente difícil, atrapado entre su deseo de una paz regional integral y la insistencia de Israel en mantener sus zonas de seguridad. NBC News ha informado que la reanudación de los combates entre Israel y Hezbolá podría torpedear todo el acuerdo entre EE.UU. e Irán.
La presión interna sobre Netanyahu también está aumentando. PBS News informó que muchos israelíes están indignados por el acuerdo de paz y dirigen su frustración hacia el primer ministro, a quien responsabilizan de no haber protegido los intereses de Israel en las negociaciones. La desconexión entre las ambiciones diplomáticas de Washington y las preocupaciones de seguridad de Jerusalén ha creado un entorno político volátil dentro de Israel.
La brecha entre Estados Unidos e Israel respecto al acuerdo ya era evidente antes de las declaraciones de Netanyahu. Trump había condenado públicamente el reciente ataque israelí a Beirut, afirmando que dicho bombardeo no debería haber ocurrido. El presidente también comunicó directamente a Netanyahu su descontento con las operaciones militares de las FDI, una reprimenda pública poco frecuente que señalaba la profundidad de la frustración estadounidense con las acciones israelíes que amenazan con descarrilar el proceso de paz.
A medida que se acerca la ceremonia de firma del 19 de junio en Ginebra, la pregunta central sigue siendo si el acuerdo entre EE.UU. e Irán puede sobrevivir sin la cooperación israelí. La tensión entre los objetivos diplomáticos estadounidenses y los imperativos de seguridad israelíes representa una contradicción fundamental que los negociadores de todos los bandos deberán abordar si el acuerdo ha de transformarse de un documento en una paz duradera.
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