El papa León XIV aterrizó en Gran Canaria el jueves por la mañana, cumpliendo un viaje que su predecesor el papa Francisco había planeado durante mucho tiempo pero nunca pudo completar antes de su fallecimiento hace un año. El primer papa nacido en Estados Unidos llegó a las 10:40 hora local y fue recibido en la pista por el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, autoridades regionales y una delegación del clero. La visita, la primera de un pontífice a las Islas Canarias, reviste una profunda carga simbólica, ya que el archipiélago sigue siendo uno de los principales puntos de entrada a Europa para migrantes que huyen de conflictos y pobreza en África.
El pontífice se trasladó directamente desde el aeropuerto para reunirse con aproximadamente 1.000 migrantes que habían sobrevivido a la peligrosa travesía del Atlántico desde África Occidental. Muchas de estas personas soportaron días o incluso semanas en el mar en embarcaciones abarrotadas, y cientos de otras perecieron intentando el mismo viaje en los últimos años. El papa León visitó el llamado muelle de la vergüenza, un lugar en la isla donde los migrantes se veían obligados a dormir en condiciones deplorables a su llegada, lo que provocó la condena internacional de organizaciones de derechos humanos.
En un discurso pronunciado en el puerto, el papa declaró que la dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera. Pidió a los líderes europeos que realicen un examen de conciencia sobre su trato a las personas que buscan seguridad y oportunidades. Las declaraciones recibieron un prolongado aplauso del público congregado, que incluía migrantes, trabajadores humanitarios, residentes locales y miembros de la prensa internacional que se habían desplazado a las islas para cubrir la histórica visita.
El papa León expuso varias recomendaciones políticas concretas durante su intervención. Instó a los gobiernos a establecer vías de migración seguras y legales, fortalecer los sistemas de acogida para los migrantes que llegan y combatir las redes de tráfico que explotan a las personas vulnerables. También hizo un llamamiento a las naciones más ricas para que aborden las causas fundamentales de la migración apoyando el desarrollo económico y la resolución de conflictos en los países de origen del continente africano.
Las Islas Canarias han servido como una puerta de entrada crucial a Europa para los migrantes que realizan la peligrosa ruta atlántica. Las llegadas alcanzaron su punto máximo en 2024 con casi 47.000 personas, desbordando la infraestructura local y desatando un intenso debate político en España y en el conjunto de la Unión Europea. Desde entonces, las cifras han descendido significativamente, con aproximadamente 2.000 llegadas registradas en los primeros cuatro meses de 2026, en parte debido al aumento de las patrullas marítimas y a los acuerdos con países de tránsito.
El papa Francisco había anunciado sus planes de visitar Canarias poco antes de su fallecimiento, considerando el viaje como un acto esencial de solidaridad con los migrantes en la primera línea de la crisis global de desplazamiento. Su muerte dejó el proyecto sin cumplir, y el papa León dejó claro desde su elección que completar la visita estaría entre sus primeras prioridades. Los observadores señalaron que al elegir Canarias como uno de sus primeros grandes destinos internacionales, León XIV indicó que la migración y la dignidad humana seguirán siendo temas centrales de su pontificado.
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