Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques militares por segundo día consecutivo el 10 y 11 de junio, escalando dramáticamente un conflicto que ha sacudido los mercados globales y avivado los temores de una guerra regional más amplia. El Comando Central de Estados Unidos lanzó ataques adicionales a las 17:15 hora del Este contra múltiples objetivos militares iraníes, con explosiones reportadas en todo Irán en las primeras horas del 11 de junio. Los ataques apuntaron a sistemas de defensa aérea, sitios de lanzamiento de misiles e instalaciones de mando militar, según altos funcionarios del Pentágono que informaron a los periodistas el miércoles por la noche.
Irán respondió con contundencia disparando misiles balísticos contra la sede de la Quinta Flota estadounidense en Baréin, así como contra bases aéreas norteamericanas en Kuwait y Jordania. Los medios estatales iraníes aseguraron que varios misiles alcanzaron sus objetivos previstos, aunque funcionarios estadounidenses afirmaron que la mayoría de los proyectiles entrantes fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea. El intercambio representó la confrontación militar directa más intensa entre Washington y Teherán desde que el conflicto más amplio estalló tras los ataques aéreos conjuntos estadounidense-israelíes contra Irán iniciados el 28 de febrero.
En una escalada significativa con implicaciones económicas globales, Irán anunció el cierre completo del estrecho de Ormuz a todo tráfico marítimo. La estrecha vía acuática entre Irán y Omán sirve como punto de tránsito para aproximadamente una quinta parte del suministro diario mundial de petróleo. El Comando Central de EE.UU. cuestionó el cierre, sosteniendo que la vía navegable permanecía abierta y que las fuerzas navales estadounidenses continuarían garantizando la libertad de navegación. Sin embargo, varias compañías navieras informaron que estaban desviando petroleros lejos del estrecho, y las primas de seguro para buques que transitan por el golfo Pérsico alcanzaron niveles récord.
El presidente Trump se dirigió a la nación desde la Casa Blanca, prometiendo golpear a Irán muy duramente en la noche de hoy y anunciando planes para apoderarse de la isla de Jarg, el principal centro de exportación petrolera de Irán, junto con otras infraestructuras petroleras críticas. La isla gestiona aproximadamente el noventa por ciento de las exportaciones de crudo iraní y representa el sustento económico del gobierno de Teherán. Analistas militares señalaron que cualquier intento de tomar la isla representaría una operación terrestre y naval de gran envergadura con consecuencias impredecibles para el mercado energético mundial.
La escalada tomó un giro trágico cuando tres ciudadanos indios murieron después de que fuerzas militares estadounidenses dispararan contra un petrolero con bandera de Palaos frente a la costa de Omán. Se sospechaba que el buque transportaba crudo iraní en violación de las sanciones. El gobierno indio convocó al embajador estadounidense para exigir explicaciones, y el incidente generó duras críticas de varias naciones que exigieron una investigación inmediata sobre el uso de la fuerza contra una embarcación civil.
Las hostilidades actuales representan la fase más peligrosa del conflicto que comenzó con los ataques aéreos coordinados estadounidense-israelíes contra instalaciones nucleares y militares iraníes a finales de febrero. Desde entonces, ambos bandos han participado en ataques de represalia que se han intensificado progresivamente. Los esfuerzos diplomáticos liderados por China y varias naciones europeas no han logrado producir un alto el fuego, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas permanece en un punto muerto sobre la crisis. Los mercados energéticos reaccionaron con fuerza, con los futuros del crudo superando los 130 dólares por barril.
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