El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, declaró el miércoles ante un jurado en Los Ángeles en un juicio histórico que podría redefinir la relación entre las empresas de redes sociales y los usuarios jóvenes en todo Estados Unidos. El caso, presentado por una joven de 20 años identificada como Kaley y su madre Karen Glenn, es el primero de más de 1.500 demandas similares en llegar a juicio, convirtiéndolo en un caso de referencia cuyo resultado podría determinar cómo se resuelven miles de otras reclamaciones contra los gigantes tecnológicos en tribunales de todo el país.
La demanda alega que plataformas como Instagram y Facebook son productos defectuosos diseñados deliberadamente para explotar vulnerabilidades en los cerebros en desarrollo. El abogado de Kaley, Mark Lanier, declaró al jurado que su clienta comenzó a utilizar YouTube a los seis años e Instagram a los nueve, llegando a pasar varias horas diarias en la plataforma y en una ocasión permaneciendo conectada más de 16 horas seguidas. Lanier describió las aplicaciones como casinos digitales diseñados para atrapar a los niños, afirmando que estas compañías construyeron máquinas diseñadas para crear adicción en los cerebros de los menores mediante funciones como el desplazamiento infinito, la reproducción automática, los botones de aprobación, los filtros de belleza y las notificaciones.
La demandante afirma que su exposición prolongada a estas plataformas le provocó ansiedad, dismorfia corporal y pensamientos suicidas, y que sufrió ciberacoso y sextorsión en Instagram durante su adolescencia. Documentos internos de la compañía presentados como pruebas durante el juicio supuestamente muestran que los ejecutivos eran conscientes de los efectos perjudiciales de sus productos en los usuarios jóvenes pero priorizaron el compromiso y el crecimiento por encima de la seguridad. Las revelaciones hacen eco de los hallazgos de la denunciante Frances Haugen, quien en 2021 filtró miles de documentos internos que demostraban que la empresa sabía que Instagram era tóxico para un porcentaje significativo de adolescentes.
Los abogados de las empresas tecnológicas argumentaron que un menor que experimenta dificultades de salud mental después de usar una plataforma no demuestra que las redes sociales hayan causado esos problemas. La defensa sostuvo que la industria se ha convertido en un chivo expiatorio conveniente para los complejos desafíos emocionales y psicológicos que enfrentan los jóvenes, los cuales pueden tener múltiples orígenes incluyendo la dinámica familiar, las presiones escolares y las predisposiciones genéticas. Mantuvieron que las redes sociales también proporcionan beneficios significativos a los usuarios jóvenes.
El juicio, que se celebra en un tribunal estatal de Los Ángeles, requiere el acuerdo de nueve de los doce miembros del jurado para alcanzar un veredicto. Los expertos legales afirman que un fallo favorable a la familia podría desencadenar una oleada de reclamaciones similares exitosas y potencialmente forzar cambios radicales en el funcionamiento de las plataformas de redes sociales, particularmente en lo referente a las funcionalidades dirigidas a audiencias jóvenes. El caso ha atraído la atención de legisladores, defensores de la seguridad infantil y asociaciones de padres.
El testimonio de Zuckerberg marca el momento de mayor perfil del juicio y se espera que se centre en lo que él personalmente sabía sobre el impacto de sus plataformas en la salud mental de los menores. El resultado conlleva enormes implicaciones financieras y regulatorias para una industria que ha operado en gran medida sin obligaciones específicas de seguridad en el diseño dirigidas a los menores. Los observadores señalan que independientemente del veredicto, el juicio ya ha conseguido situar la cuestión del impacto de las redes sociales en la salud mental juvenil en el centro de la conversación nacional.
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