El fiscal general de Texas, Ken Paxton, obtuvo una contundente victoria en la segunda vuelta de la primaria republicana para el Senado de Estados Unidos el 27 de mayo de 2026, derrotando al senador titular John Cornyn, quien llevaba cuatro mandatos en el cargo, por un aplastante margen de 28 puntos. Paxton capturó aproximadamente el 64 por ciento de los votos frente al 36 por ciento de Cornyn, lo que marca un momento histórico en la política republicana de Texas y representa un rotundo triunfo para el ala populista del partido.
El resultado convierte a Cornyn, elegido por primera vez al Senado en 2002 y exlíder adjunto de la mayoría en la cámara alta, en el primer senador republicano de Texas en perder la nominación de su propio partido para la reelección. La magnitud de la derrota sorprendió a los observadores políticos que habían anticipado una contienda más reñida, dado los profundos vínculos institucionales de Cornyn y su prolífica capacidad de recaudación de fondos. Sin embargo, la campaña de Paxton logró canalizar una poderosa corriente de energía popular que resultó imposible de contener para el establishment.
El expresidente Donald Trump desempeñó un papel decisivo en el resultado, habiendo respaldado a Paxton desde el inicio de la campaña y describiéndolo como un auténtico guerrero del movimiento MAGA durante mítines celebrados en todo el estado. El respaldo presidencial galvanizó a los votantes conservadores que consideraban a Cornyn insuficientemente alineado con el movimiento populista que ha reconfigurado profundamente al Partido Republicano durante la última década. Paxton se apoyó intensamente en esa alianza, planteando la elección como un referéndum sobre la dirección del partido.
La derrota de Cornyn representa un ajuste de cuentas más amplio dentro del Partido Republicano de Texas, donde la tensión entre el conservadurismo tradicional y el movimiento populista MAGA se ha intensificado en los últimos años. A pesar de su antigüedad y sus logros legislativos, Cornyn no logró movilizar a la base republicana, que cada vez más exige pureza ideológica y una política confrontacional en lugar de acuerdos bipartidistas. Su disposición a colaborar con los demócratas en temas como la legislación sobre seguridad con armas de fuego y el gasto en infraestructura se convirtió en un lastre durante la primaria.
Paxton avanza ahora a la elección general, donde se enfrentará al demócrata James Talarico, representante estatal de la región de Austin conocido por sus posiciones progresistas y su organización comunitaria de base. Aunque Texas sigue siendo un estado confiablemente republicano en las elecciones estatales, se espera que la campaña de Talarico ponga a prueba si el perfil polarizante de Paxton y sus controversias legales persistentes crean una oportunidad para los demócratas en un estado que han buscado hacer competitivo durante mucho tiempo.
La victoria del fiscal general se produjo a pesar de un considerable bagaje político, incluida su destitución en 2023 por la Cámara de Representantes de Texas bajo acusaciones de corrupción, de las cuales el Senado estatal lo absolvió. Paxton también enfrenta una acusación de fraude bursátil que lleva años pendiente y una investigación federal separada. Sus seguidores, sin embargo, interpretan estas batallas legales como evidencia de persecución política, una narrativa que reforzó sus credenciales como candidato antisistema entre los votantes de la primaria.
Los analistas políticos señalan que el resultado indica que la transformación del Partido Republicano bajo la influencia de Trump se está acelerando en lugar de retroceder. La derrota de un legislador tan profundamente arraigado como Cornyn envía un mensaje inequívoco a los funcionarios republicanos de todo el país: la alineación con el movimiento MAGA ya no es opcional para quienes aspiran a permanecer en el poder. La elección general de noviembre determinará si esa estrategia posee la misma eficacia ante el electorado texano en su conjunto.
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