Seis narvales equipados con sensores oceanográficos ayudaron a documentar la llegada de agua atlántica cálida a cuencas situadas frente a glaciares, cientos de kilómetros dentro de los fiordos del este de Groenlandia. El estudio revisado por pares, publicado el 26 de agosto en Science Advances, utilizó 2.060 perfiles de inmersión para cubrir un gran vacío de observación en Scoresby Sound y sistemas costeros cercanos, donde los barcos afrontan hielo, témpanos y elevados costes.
Investigadores del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia, la Universidad de Copenhague y centros colaboradores colocaron en los animales instrumentos de conductividad, temperatura y profundidad. Entre agosto de 2017 y julio de 2020, los dispositivos registraron un perfil cuando una ballena descendía al menos 50 metros, con un intervalo mínimo de quince minutos. Los seis narvales entraron de forma natural en aguas remotas que los buques rara vez estudian, incluso durante el invierno.
El equipo combinó esas mediciones con observaciones históricas de barcos incluidas en la World Ocean Database, con registros que abarcan de 1891 a 2022. Su modelo estadístico relacionó temperatura y salinidad con profundidad e indicó que la capa de agua intermedia atlántica, más cálida y salada, se ha engrosado mientras la capa superior de agua polar fría se ha adelgazado. Aparecieron señales atlánticas hasta unos 300 kilómetros de la costa abierta.
El estudio halló que las cuencas profundas frente a los glaciares estaban expuestas en general a agua más cálida que las cuencas costeras someras, sobre todo entre aproximadamente 200 y 500 metros. La mayor parte del flujo atlántico ocurrió por debajo de 150 metros. Los autores señalaron que ese calor bajo la superficie puede acelerar el deshielo donde los glaciares contactan con aguas profundas, mientras los que terminan en cuencas someras tienen menor exposición directa.
Los resultados no calculan el futuro retroceso de un glaciar concreto ni establecen por sí solos cuánto subirá el nivel del mar. Aportan observaciones antes escasas para mejorar los modelos oceánicos y climáticos. El agua dulce liberada por el hielo groenlandés puede afectar la circulación oceánica más allá del Ártico, por lo que las rutas del agua cálida y el cambio de espesor de las capas son datos importantes para las proyecciones.
Los científicos afirmaron que los mamíferos marinos pueden complementar, pero no sustituir, a barcos e instrumentos fijos en regiones polares inaccesibles. Según Eos, fue el primer despliegue con narvales que midió salinidad además de temperatura y profundidad. El comité de cuidado animal de la Universidad de Copenhague aprobó el trabajo, y expertos externos recalcaron que este seguimiento solo conserva valor si se trata éticamente a los animales.
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