El tratado New START expiró oficialmente a la medianoche del 5 de febrero de 2026, poniendo fin a más de medio siglo de acuerdos de control de armamentos nucleares entre Rusia y Estados Unidos. Por primera vez desde principios de la década de 1970, no existen límites legalmente vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos de las dos mayores potencias nucleares del mundo, lo que genera preocupaciones sobre una posible nueva carrera armamentista.
El tratado, firmado en Praga en 2010 por los presidentes Dmitri Medvédev y Barack Obama, había limitado a cada nación a 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas, 800 lanzadores estratégicos desplegados y no desplegados, y 700 misiles balísticos intercontinentales desplegados, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados. El acuerdo fue extendido por cinco años en 2021, pero no podía prolongarse más allá de la fecha límite de hoy según sus disposiciones originales.
Dmitri Medvédev, quien ahora se desempeña como vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, advirtió que la expiración marca un punto de inflexión peligroso en la seguridad global. Afirmó que sin tales acuerdos, Rusia rechazará pronta y firmemente cualquier nueva amenaza a su seguridad. Sin embargo, aclaró que aunque la situación debería alarmar a todos, no significa inmediatamente que una catástrofe nuclear sea inminente.
Rusia había suspendido su participación en el New START en febrero de 2023, pero continuó observando los límites numéricos del tratado. En septiembre de 2025, el presidente Vladímir Putin ofreció mantener estos límites por un año adicional si Estados Unidos hacía un compromiso recíproco. Washington no emitió una respuesta formal, y aunque el presidente Donald Trump habló positivamente sobre la moderación nuclear a finales de 2025, no se hicieron compromisos concretos.
La expiración deja a ambas naciones sin mecanismos de verificación para monitorear las capacidades e intenciones nucleares del otro. Los expertos en control de armamentos han expresado profunda preocupación por la incertidumbre que esto crea. Sin las inspecciones e intercambios de datos mandatados por el New START, las agencias de inteligencia de ambos lados tendrán que depender cada vez más de imágenes satelitales y otros métodos que proporcionan información menos completa sobre la postura nuclear del otro.
El fin del tratado llega en medio de tensiones globales elevadas y coincide con las negociaciones en curso entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania en Abu Dabi. China, que ha estado expandiendo rápidamente su arsenal nuclear, nunca fue parte del New START, añadiendo otra capa de complejidad a los futuros esfuerzos de control de armamentos. Los analistas advierten que podría surgir una competencia nuclear tripartita si los esfuerzos diplomáticos no logran producir un nuevo marco.
Los observadores internacionales y los defensores del control de armamentos han pedido un compromiso diplomático urgente para establecer nuevos acuerdos. Las Naciones Unidas han instado a ambas potencias a volver a las negociaciones, enfatizando que el control de armamentos nucleares sigue siendo esencial para la estabilidad global. Sin embargo, sin conversaciones programadas actualmente y con una profunda desconfianza entre Washington y Moscú, el camino a seguir sigue siendo incierto. El mundo ahora entra en una era incierta donde los arsenales nucleares de sus dos naciones más fuertemente armadas operan sin ninguna restricción mutua.
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